La cuarentena podría causarle al país una pérdida económica de USD 1.000 millones diarios

La pandemia, con su aceleración en muchos países, generó enormes pérdidas en los mercados financieros y de materias primas en todos los mercados del mundo, y más aún en el argentino, por el estado de fragilidad que arrastraba la economía, fenómeno que se refleja con singular contundencia en la escalada del índice de riesgo país por arriba de los 4.100 puntos básicos, como no se registraba de la crisis de comienzos de siglo.

Ahora se trata de hacer un ejercicio sobre cuál sería el costo económico de este mal desconocido y en medio de un escenario incierto por su extensión, pero que la sola referencia a las pérdidas que se observan en los mercados financieras llevan a recordar a los efectos del crack del 29, en Wall Street, aunque claramente en un contexto bien diferente.

El ejercicio es singularmente complejo y excede la simplificación de partir del valor actual del PBI, unos USD 440.000 millones a ritmo anual, equivalente a más de USD 900.000 millones en términos del valor de las transacciones, compras y ventas entre todas las personas y empresas (lo que técnicamente se denomina “Valor Bruto de Producción”).

Una parálisis plena implicaría unos USD 1.000 millones por día en términos de producto bruto interno, y subiría a unos USD 2.000 millones al valor de la suma de las operaciones habituales de compraventa de bienes y servicios a precios corrientes de mercado.

De ahí que los cálculos agregados desde que comenzó la brusca desaceleración de la actividad y comercial hasta el 31 de marzo, la pérdida puede llegar hasta un valor máximo de USD 36.000 millones, pero podría recuperarse parcialmente desde el momento de la superación del estado crítico de la pandemia. Sobre esa base, las proyecciones de los economistas para todo el año reducen el perjuicio al equivalente a 1% del PBI, unos USD 4.400 millones, equivalente a unos USD 9.000 millones en términos de valor de las transacciones.

Cautela en los pronósticos preliminares de los economistas

Las medidas de emergencia que dispuso el Gobierno en la semana, más las que se acaban de anunciar, y las que se seguirán implementando están destinadas a atenuar los costos en términos de generación de riqueza (PBI), que comprende el monto total de los salarios de los trabajadores, en blanco y negro; las ganancias de las empresas; y las rentas de capital de la tierra productiva, en modo simplificado, pueda resultar menor.

Más aún porque, más allá de la reducción al mínimo de la movilidad de los factores, en particular de las personas no vinculadas a actividades esenciales, como la salud, seguridad, comunicaciones, servicios de electricidad, gas y agua, y producción de alimentos, medicamentos, y productos de higiene personal y del hogar, los cultivos seguirán madurando; el ganado y las aves engordando y reproduciéndose; así como continuarán las transacciones financieras de pagos y cobros, más intensa por canales electrónicos; los cuales habitualmente no se detienen los fines de semana y feriados.

Irina Moroni, economista de la Fundación Capital, dijo a Infobae que “el país paralizado podría implicar una pérdida de USD 1.000 millones diarios en términos de PBI, pero dependerá del alcance de estas posibles medidas y la duración, donde específicamente algunos sectores relacionados con el entretenimiento o productores de bienes no esenciales sentirán más fuerte el cimbronazo, mientras otras actividades como la producción de alimentos o bienes de primera necesidad pueden tener un impulso”.

En vena parecida, otro economista hizo el cálculo que cada día de trabajo normal implica una creación de riqueza de aproximadamente USD 1.400 millones, que se reduce a la mitad, unos USD 700 millones, los días feriados, en términos de valor agregado, que es muy inferior al equivalente en términos de transacciones corrientes. Por lo que un eventual parate de diez días que comprenda solo dos días de fin de semana implicaría una pérdida de USD 12.600 millones. Sin embargo, señaló, gran parte de esas pérdidas son en realidad recuperables una vez que se retoma la actividad normal.