La crisis Garbarino: al borde de la convocatoria, la cadena negocia contrarreloj y su futuro es cada vez más incierto

La situación es crítica, y lo es más con el paso del tiempo y en medio de un contexto que no ayuda para nada. Si no encuentra un acuerdo rápido con sus proveedores, Garbarino –la cadena de electrodomésticos más grande de la Argentina– entrará en convocatoria de acreedores, una instancia judicial que hoy empleados y directivos de la empresa ven como una opción cada vez más cercana. No sería el único problema para una empresa con una deuda millonaria y en venta.

“No resuelve mucho, en medio de la deuda inmensa y de un stock de productos casi inexistente”, le dice un empleado de la marca que aún le pertenece a la familia Garbarino a Infobae. En rigor, hoy la cadena es propiedad de los bancos acreedores, principalmente Galicia y Santander, a quienes la empresa les deben unos $4.000 millones. Además, adeuda otros $7.000 millones a sus proveedores, los principales vendedores de electrodomésticos del país.

Las entidades financieras encontraron un interesado en quedarse con la cadena que tiene 200 locales y 5.000 empleados: el fondo Inverlat, que negoció una importante quita con los bancos del 75% y estaban dispuestos a pagar los $1.000 millones restantes. Pero pretenden que Garbarino “cierre” con los fabricantes y le entregue una empresa “limpia”. En medio de un póquer de negociaciones, se retiraron de la negociación. O al menos eso dicen cada vez que se les pregunta, quizás a la espera de que se encamine el arreglo con los fabricantes.

Además, en los últimos días habría aparecido otro interesado: Covelia, una empresa especializada en recolección de residuos e históricamente vinculada a Hugo Moyano. El mercado está lleno de rumores, pero todos coinciden en que la cadena tiene que “arreglar ya”. La analogía con el país y su deuda soberana resulta inevitable.

Negociación

En Garbarino aseguran que ya convencieron al 70% de los proveedores de realizar una quita del 50 por ciento de la deuda y que esta semana varias de esas empresas firmaron acuerdos formales en ese sentido. En este rubro, muy atomizado, las principales contrapartes son Newsan, BGH y Mirgor, y marcas como Carrier, LG y Samsung.

Los más grandes tiene sus deudas garantizadas: les conviene cobrar los seguros antes de negociar quitas. Así, las trabas están en las empresas medianas y chicas; también en marcas internacionales en cuyas casas matrices no quieren saber nada con cobrar sólo el 50 por ciento. De esa parte de la deuda de $7.000 millones, sólo $1.500 millones están garantizados, aseguró uno de los proveedores. “Del resto, son muy pocos los que están cubiertos. El tema es que si la empresa no encuentra un comprador, no tiene salida. Y aún no hay nadie dispuesto. Es una empresa que agoniza cada día. Necesita dinero y mercadería y son dos cosas que hoy no tiene”, explicó.

Otra fuente del mercado va más a fondo y detalló que, en un contexto de alta caída del consumo y sobreoferta, no se extrañaría demasiado a la cadena si dejara de existir. “Por más de ser el principal vendedor del sector, podría ser reemplazado sin muchos problemas desde el punto de vista de los consumidores. Hay tantos puntos de venta que no habrá problemas para una sustitución automática: lo que no venden ellos lo venderá Frávega, Rodó y otras cadenas. Hoy el gran tema es qué va a pasar con los locales, la deuda y los empleados”, asegura.

En Garbarino confían en cerrar rápido con los fabricantes, llevarle ese arreglo a Inverlat –en principio a fines de la semana próxima– y cruzar los dedos para que acepte. El fondo, que es dueño de empresas como Havanna, Reef, ICSA y Aspro –y que fueron hasta el año pasado licenciatarios de KFC, Wendy’s y China Wok en Argentina y Chile– pertenece a Carlos Giovanelli, Guillermo Stanley y Damián Pozzoli, todos de amplia experiencia en el mundo financiero y bancario (ex Citi). Inverlat firmó con los bancos una exclusividad en la negociación hasta el 27 de marzo. Luego, si no cierra el negocio, podría aparecer otro interesado en la mesa del acuerdo.

Mientras tanto, Inverlat espera y, por lo bajo y en medio de la conversación, aseguran que ya no están tan interesados en la cadena. Escucharán ofertas, claro, pero también hacen foco en que los tiempos cambiaron y la empresa está peor. Según datos del mercado, perdería unos $500 millones por mes. «No es lo mismo enero que marzo, y menos en este contexto. El mundo está muy complicado. No hablamos con nadie hace un mes. La que está tratando de organizar algo es la cadena, con los proveedores. Nosotros no estamos negociando, no es nuestro rol. Ya habíamos arreglado con los bancos, pero eso ya pasó”, dijeron esta semana desde el fondo.